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Descripción
Pueblo de montaña ubicado a 16 kilómetros al norte
de Torondoy. Es bastante pequeño, unas 50
casas, sin embargo su iglesia (foto 4) es grande, muy bien conservada y
arreglada por dentro. No se ve muy antigua, de hecho, sustituyó a la otra
hecha con paredes de barro. Las casas están dispuestas en
cuadras bien definidas, las calles son de cemento. La mayoría de las casas
son de techos de tejas (fotos 6 y 7), lo que le da un aspecto acogedor al
lugar. Es un pueblo al que no es muy fácil llegar, no me hubiera sorprendido
que no le llegara electricidad, pero la tiene!. Al fondo del pueblo se alza
majestuosa la gran montaña que forma parte de las más altas cumbres de la
Cordillera de los Andes y a un lado pasa el río Mucumpate, en cuyo valle se
encuentra sumergido Mucumpís. Por cierto, digo aquí que el río que pasa a un
lado de este pueblo es el Mucumpate porque aparece en un mapa llamado
"Pueblos del Norte" publicado por Cormetur (Corporación Merideña de Turismo)
y estoy casi seguro de que lo confirmé con alguien del pueblo. Sin embargo,
he encontrado muchas referencias a un río Mucumpate por
Mucuchíes y Gavidia.
Hasta hay una aldea con ese nombre. ¿Será el mismo río? (1).
La Plaza Bolívar (foto 5) es reciente, pequeña pero en buen estado. La placa
bajo el busto de El Libertador dice: "Esta placa fue construida por el
alcalde Luis A.González. Mucumpís, 28 de octubre de 1992". Al lado de la
plaza está la escuela que cuenta con una cancha de basketball.
El sector está dividido en cuarto partes: Mucumpís
Bajo, Mucumpís Alto, La Mesa y El Rincón. El primero es básicamente el
pueblo, los demás son áreas agrícolas con casas dispersas.
Mucumpís me recordó un poco a
Las Mesitas en el estado
Trujillo, no tanto por el pueblo en sí sino por lo aislado del mismo, decía
que Las Mesitas era como un Shangri La, pero Mucumpís no se queda
atrás. La carretera desde Torondoy es de
apenas 16 kilómetros pero realmente difícil de transitar, me tomó 2 horas,
claro! parando a tomar fotos y observar el paisaje (además de rezar para no
caer en los barrancos!), de regreso fue sólo hora y media. Más abajo
describo este recorrido. Lo que más vi como medio de comunicación fueron
jeeps y motos.
Creo que muy pocas personas que no sean del área
hayan estado en Mucumpís, he preguntado a varias personas del estado Mérida
y casi nadie sabía de la existencia de este pueblo, mucho menos la gente del
Zulia. Aparece en muy pocos mapas a pesar de ser un pueblo antiguo. Yo supe
de este pueblo regresando de Torondoy en agosto 2007, cuando en Mucutubán me
encontré con Orésteres Araujo, el del Observatorio. Fue él quien me habló
del Alto de La Cruz y de Mucumpís.
Me parece muy curioso que Mucumpís tenga más
relación con Mucuchíes que con el propio
Torondoy, a pesar de que la carretera hacia Mucuchíes sea bastante difícil,
por lo menos hasta Mifafí. Pero parece ser que los productos de Mucumpís se
venden mejor allá que en Torondoy. También podría ser debido a que la
carretera hacia Torondoy es relativamente nueva, no así la que va hacia la
Trasandina.
Y hablando de carreteras, Mucumpís era una de las
etapas en el viaje que hacían los presos cuando se llevaban de Maracaibo a
Mérida o viceversa a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La ruta
era Maracaibo -
Gibraltar, en piraguas. Luego seguía
desde Gibraltar a Torondoy, Mucumpís, La Toma,
Mucuchíes y Mérida. La señora Inés de Molina conoció a una señora (Toña) que
murió no hace mucho a la edad de 103 años que decía que cuando venían los
presos, las familias enviaban a sus hijas a otros pueblos o lejos de allí
para evitar que se fueran molestadas o violadas por los guardias, éstos
llegaban y hacían desastres en el pueblo, mataban reses y se las comían,
destruían cosechas, y así otras acciones vandálicas. Algunos presos morían
de frío o cansancio al ir por esos parajes.
Fundación
Mucumpís fue fundada como un pueblo de doctrina por los padres agustinos en
1590, con el propósito de evangelizar a los indios torondoyes. Tres años
después, y como un objetivo similar, fundaron a Torondoy. Los
misioneros agustinos comenzaron en 1597 con el padre Vicente de Requejada
una extraordinaria campaña de evangelización en Venezuela.
Fiesta de San Antonio y la danza de los pollos
En junio se celebran en Mucumpís la festividad de San Antonio de Padua, una
de las manifestaciones culturales es una especie de rito que se hace en una
de las casas en las afueras del pueblo, donde se llevan pollos para se
enterrado en un hueco en el patio de la casa dejando sólo la cabeza del
animal al descubierto. Se hace como un baile por parejas, cada una con su
pollo, bailan alrededor de él, primero el hombre y luego la mujer, le van
dando golpes en la cabeza (las mujeres le pegan más fuerte) hasta dejarlo
aturdido, luego lo sacan del hueco y lo tiran al aire, cae, alguien lo
recoge y terminan de matarlo para cocinarlo. Son muchas parejas, por tanto
son muchos pollos. Días antes, los participantes se esmeran en buscar su
plumífero animal para la fiesta!
La Escuela
Me contó la Sra. Inés de Molina, habitante de Mucumpís desde hace más de 20
años, que cuando ella llegó al pueblo no había escuela. Ella, junto a otras
personas se dedicaron a promover la construcción de una escuela y para ello
fueron hasta Mérida para hablar con el Gobernador. Luego de muchas
conversaciones se logró encontrar una maestra y una casa alquilada. También
fueron casa por casa para hablar con los padres de los niños, potenciales
alumnos. Muchos se resistieron a enviar a sus hijos a la escuela, ya que
decían que eran más útiles en las labores del campo, también era porque para
otros era más cómodo no enviarlos a la escuela ya que tenían que lavar los
uniformes, estar atentos de las tareas, reuniones, etc. Sin embargo, se
logró reunir a un grupo y así comenzó a funcionar. Cuando el Gobierno vio
que la matrícula de alumnos era suficientemente grande, envió dinero para la
construcción de la escuela en un terreno donado por la comunidad. Hoy la
escuela llega hasta 2do año de bachillerato, y siguen las gestiones para
seguir abriendo cursos. Esta historia se repite en muchos de nuestros
pueblos, y es gracias a la iniciativa y proactividad de sus habitantes que
los pueblos progresan.
Para llegar allí:
La forma más fácil es por la carretera de tierra que viene de Torondoy, de
la cual dista 16 kilómetros. En el recuadro de abajo hago una descripción
detallada de este recorrido. Sólo para vehículos de doble tracción, también
motos.
También se puede viniendo desde Mifafí en la carretera Transandina, esta vía
completamente de tierra y piedras es definitivamente sólo para vehículos de
doble tracción y en buen estado! En el recuadro Toma Alta - Mucumpís hago
una descripción de esta vía desde el Alto de Piedras Blancas en la Sierra de
La Culata.
Toponimia:
Parece derivar de la palabra "Mucumpiche", su nombre original. Hay un
pico Mucumpiche (4.320 msnm) en la Sierra de Santo Domingo, pero está tan
lejos que no creo que tenga relación con Mucumpís. "Mucu" es lugar, falta
saber qué cosa es "piche". También lo he visto escrito como Mucumpiz,
especialmente en documentos oficiales y en los avisos de Cormertur. Sin
embargo, prefiero escribirlo con "s" ya que así lo hacen muchos de los
mucumpiseros.
Altura
1600 msnm (aprox.)
Fecha de fotos
1 a 7: 30.09.2007
8: 06.01.2009
Dudas
1. ¿Qué significa "mucumpiche"?.
Ubicación en el mapa
C4
(08º 58' N, 70º 58' W)
Agradecimiento
A Irene y Vicente Molina por los datos aportados en relación a aspectos
históricos de Mucumpís. Enero 2009.
Notas
(1) En enero 2009 nuevamente visité a Mucumpís y esta vez pregunté a un
lugareño muy conocedor de la zona, y me afirmó de manera muy categórica que
se trata del río Torondoy que nace en el páramo de Piedras Blancas.
Germán Montero Alcalá
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Ruta Camino Real de Torondoy, La Toma Alta - Mucumpís (29 km)
Del 03 al 06 de Enero 2009
Notas preliminares
Desde que empecé a interesarme por la historia, es decir, desde niño,
quise experimentar algo de lo que los conquistadores españoles sintieron al
explorar las tierras venezolanas. De especial interés es para mi el camino
entre Mérida y el Lago de Maracaibo, cruzando los Andes. El Programa Andes
Tropicales (PAT) me dio la oportunidad de vivir parte de esta experiencia.
Me anoté en la ruta llamada Camino Real de Torondoy que va desde el un sitio
llamado La Toma Alta hasta el pueblo de Mucumpís, atravesando el Páramo de
Piedras Blancas en el Parque Nacional Sierra de La Culta en el estado
Mérida.
Decidí hacer esta ruta en el mes de enero ya que siempre he pensado que este
mes es el mejor para ir a los Andes ya que, en teoría, no es temporada de
lluvias. Formé un equipo compuesto por mi hija Raquel (15 años) y mi hermano
Héctor Montero Alcalá, de manera que fijamos la fecha se llegada a La Toma Alta el 3 de
enero 2009.
Salimos de Maracaibo el 2 de enero rumbo a Jají,
donde nos hospedaríamos en la posada Hacienda
El Carmen, allí dejamos nuestro vehículo y al día siguiente nos
trasladamos a la ciudad de Mérida, gracias a la cortesía de Andrés
Monzón. Después de realizar las últimas compras, almorzamos y a las 3 de la
tarde nos recogió un personal del PAT quien nos llevó hasta
Mitibibó, cerca del
Observatorio Astrofísico
próximo a Apartaderos.
Según lo establecido en el programa, para esta ruta la posada donde debimos
pernoctar era la mucuposada "Agüita Azul", en La Toma Alta, sin embargo, por
problemas de logística, nos quedamos en Mitibibó en la posada "El Trigal"
atendidos por Irene y Venancio, a 3360 msnm. Pasar la noche en esta mucuposada fue muy
agradable, compartimos con los otros huéspedes cuentos, anécdotas y la cena.
El lugar es muy familiar, es una casa rural convertida en posada,
charlábamos en la cocina mientras preparaban la cena, por supuesto, también
durante y después de la comida. Como a eso de las 8 de la noche, la
señora Irene me pregunta que en qué cama íbamos a dormir, la habitación que
nos habían asignado tenía 6 camas y nosotros éramos tres. Me extrañó la
pregunta, ¿qué importancia tenía en qué cama dormiríamos?, fue cuando me
dijo que debía saberlo para colocar debajo de las cobijas una botella de
agua caliente de manera que la mantuviera a una temperatura agradable cuando
nos fuéramos a acostar. Así fue, ¡y las botellas hicieron su trabajo!
Primera etapa: Mesita Redonda - Alto de Piedras Blancas -
Páramo de Los Romeros
A eso de las ocho de la mañana dejamos Mitibibó y nos dirigimos hacia el
"Kilómetro Cero" (N 08º 48,613' W 70º 55,329' ), un lugar llamado Mesita Redonda a 3600 msnm, cerca de allí
está la mucuposada "Agüita Azul", donde debíamos haber pernoctado
originalmente. En Mesita Redonda está la casa de Daniel Toro, experimentado
baquiano y que en 1964, junto a su padre fueron los primeros en alcanzar
oficialmente la cumbre del pico Piedras Blancas o Misamán con 4740 msnm (1),
siendo el quinto pico más alto del país. En la foto 1 detrás de Raquel y
Héctor, arreglando el caballo, está el Sr. Toro.
Nuestros baquianos eran 3, Asnaldo (llamado cariñosamente "Lolo"), José Luis
y Diego. Ellos pueden verse acomodando la carga en la foto 2, Lolo es el más
alto, Diego está a la derecha con la gorra roja y José Luis a la izquierda
con franela azul.
Desde este punto también salen los que van por la llamada "Ruta Chaac", que
va desde allí hasta Tucaní pasando por la laguna
Barro Negro, Alto de Tucaní, El Oso, Los Curos, El Charal y Mesa Julia.
Espero hacer esta ruta en mis próximas vacaciones.
Una de mis preocupaciones era cómo iría a estar mi cuerpo después de varias
horas montado sobre un caballo, especialmente cuando jamás había cabalgado,
por si acaso había incluido en mi equipaje una cremita para los dolores
musculares, la buena noticia fue que ¡no tuve que usarla!.
Comenzamos el ascenso, siempre iba de último, iba tomando fotos y fotos
montado en el caballo, yo no sé nada de caballos y necesitaba las dos manos
para tomar las fotos, de manera que puse las riendas sobre el cuello del
caballo, suponiendo que el caballo, dado que iba de último, sabía por donde
tenía que ir, es decir, lo puse en "piloto automático", me desentendí de
eso, estaba concentrado en las fotos, y el paisaje es tan noble que casi
todas las fotos (modestia aparte) me quedaron muy bien. Durante el recorrido
tomé 170 fotografías.
Desde el mismo punto de partida los frailejones fueron la vegetación más
frecuente, y se va haciendo más y más pedregoso a medida que avanzábamos. El
primer aviso que encontramos (foto 5) decía lo siguiente: Gobernación del
Estado Mérida, Parque Nacional de Sierra de la Culata. Bienvenidos, Ruta
Chaac, Sector El Banco, Altitud 3750 msnm". Esta parte del camino es
común con la ruta Chaac.
El camino sigue subiendo y a menos de un kilómetro de El Banco, aparece la
primera encrucijada (foto 6), ésta indica las vías hacia la Laguna El
Perro por un lado y por el otro (izquierda) hacia la Laguna Carbonera,
Alto Muchuntuy y Alto Piedras Blancas (N 08º 48,641' W 70º
55,606'). Unos 600 metros más y llegamos a la bifurcación (foto 7) cuya vía
derecha va hacia el Alto de Tucaní, Alto de La Cruz, Laguna
de Los Patos, Alto de Muchuntuy y por la izquierda hacia el
Alto de Piedras Blancas (N 08º 48,829' W 70º 55,911').
Un par de kilómetros más y el camino entra hacia una especie de llanura
(fotos 8, 9 y 10), rodeada de montañas que no parecieran ser tan altas, pero
lo son. Me recordó mucho el altiplano peruano, los mismos colores y los
mismos riachuelos que bajan y bajan para irse convirtiendo en los ríos que
llegan hasta el Lago de Maracaibo. Por esta zona, según los baquianos, cae
bastante nieve en los meses de julio y agosto.
Algunas de estos sectores tienen nombre como Tierrita Colorada y
La Ranchería, nombres extraños que nadie sabe por qué se los pusieron.
La foto 11 muestra una especie de cuevas en la montaña rocosa del sector La
Ranchería (la foto 11 fue tomada en las siguientes coordenadas N 08º 49,380'
W 70º 56,022').
Las fotos 13 y 14 fueron tomadas cerca del punto más alto del camino, el
Alto de Piedras Blancas, mostrando unas hermosas vistas de frailejones con
el pico Los Nevados (Caracoles) al fondo. Desde hacía rato habíamos pasado
la cota de los 4000 metros sobre el nivel del mar.
Subimos y subimos, los caballos conocían el camino, sabían exactamente dónde
pisar para remontar los obstáculos de la vía. Me daba lástima con ellos,
pero pensar que desde hacía miles de años los caballos, mulas y burros
hacían estos trabajos de transporte, me tranquilizaba un poco, parecía como
si no pesáramos nada. En una de esas uno de los baquianos, señalando a lo
lejos, dice: ¡yeguas! ¡atención, los caballos se pueden alborotar!, me
asustó un poco la cosa, pero no pasó nada, lo que si pasó fue que mi caballo
se puso al lado del caballo de Héctor y empezaron a pelear, ¡con nosotros
encima! La pericia de los baquianos hizo que se tranquilizaran, pero al
menos, yo casi entré en pánico.
De repente nos encontramos en la cima, el Alto de Piedras Blancas
(foto 15, N 08º 50,844' W 70º 55,763') a 4310 msnm. Nos
tomó algo menos de dos horas en llegar a este sitio desde donde se tiene la
sensación de que se está a la misma altura de muchas cimas de las montañas
que se ven en el horizonte, haciendo un paneo de 360 grados. Viento, mucho
viento, tanto así que los baquianos nos solicitaron no quedarnos mucho
tiempo allí ya que los caballos podían molestarse. Luego de las fotos de
rigor, comenzamos el descenso.
Vimos desde mucho más cerca los altísimos frailejones (Coespeletia
timotensis) (foto 16), según los
baquianos, algunos de ellos tienen más de 200 años, y que le edad se sabe
porque cada año hay una "muda" de hojas, las cuales al secarse forman parte
de ese pseudo-tronco, de manera que cada año hay una nueva capa, en los más
altos se han contado hasta 200 de esas capas.
A unos 600 metros del Alto, encontramos un lugar apropiado para hacer una
parada y almorzar, así lo hicimos. El lugar es conocido como Mesitas del
Alto (N 08º 50,853' W 70º 55,937'), a 4200 msnm. La comida ya
venía lista para comer,
colocadas en bandejitas de aluminio, consistió en espagueti con pollo. Estaba
un tanto fría, pero con hambre muchas cosas se perdonan. En la foto 20
aparece Héctor aguantando el frío, Raquel almorzando, y los baquianos al
fondo también haciendo lo propio.
El lugar resultó ser un magnífico punto para tomar fotos, desde la 17 a la
21 fueron tomadas desde allí. Una de mis favoritas es la foto 17, que
modestia aparte y esperando me perdonen el maracuchismo, no puedo sino
decir: ¡qué molleja 'e foto!. Realmente son 3 fotos donde se muestra
el pico Los Nevados o Los Caracoles, cuya cima está a 4700 msnm,
siendo el octavo pico más alto de Venezuela, después del Toro y el
León. Ojalá se impusiera el nombre de Los Caracoles, ya que Los Nevados me
parece un nombre poco original, falto de imaginación. En la foto se ve el
camino para autos rústicos, hacia la derecha, el zigzag en la ruta que va
hacia Mifafí.
Después de almorzar y reposar unos minutos, seguimos el camino. Los
baquianos nos sugirieron que hiciéramos esta parte a pie puesto que lo que
seguía era un sendero muy empinado hacia abajo y podría ser peligroso. Así
lo hicimos y caminamos hasta que encontramos la carretera para vehículos
rústicos (N 08º 51,360' W 70º 56,120'). Esta carretera
viene desde Mifafí, donde se encuentra el Paraíso de los Cóndores y
va por todo este páramo hasta Mucumpís. Como el 70% de todo el recorrido
hasta Los Bordones lo hicimos por este carretera. Pasamos por unos tramos
por los cuales a penas puedo creer que por allí pasen vehículos,
especialmente recuerdo una curva en bajada que parece una cascada de piedras
(foto 24), sin embargo lo hacen. El Sr. Vicente Montilla, natural de Mucuchíes y actual habitante de Mucumpís me dijo que él ha hecho el
recorrido desde Los Bordones hasta Mucuchíes en 4 horas. Hay algunas partes
fáciles, pero otra para expertos y con rústicos altos y potentes, es una
buena ruta para los "jeeperos".
Ya por el kilómetro 8 empiezan a aparecer unos árboles no muy grandes
llamados "coloraditos" (Polylepis
sericea) tronco retorcido y de color rojizo, de allí su nombre (foto
25).
A algo más de dos kilómetros después de entrar en la carretera, nos
desviamos dejando a un lado la vía de rústicos para entrar en un sendero que
nos llevaría al Páramo de los Romeros, sitio donde pernoctaríamos (N
08º 53,277' W 70º 56,568', a unos 3700 metros de altura).
Llegamos a eso de las tres de la tarde, terminamos nuestra primera jornada a
caballo, a pesar de ser mi primera vez que me trasladaba sobre un animal, no
tuve mayores problemas musculares, a Héctor si le molestó un poco, aunque la
foto 26 tiene algo de "teatro".
El sitio me recordó un poco a los alrededores de Cusco en Perú,
especialmente por las divisiones de piedra (foto 27) aunque por
supuesto, aquí en Venezuela también las hay. Aun quedan por estos lares
expertos en este tipo de construcciones, que han conservado la técnica que
viene desde muchas generaciones hacia atrás, desde la época de los
indígenas. La casa mostrada en la foto 31 es un buen ejemplo de esto,
casi se confunde con las montañas, se podría decir que está adaptada al
ambiente. Todas sus paredes son de piedras, colocadas unas sobre otras,
aunque en la parte interior están frisadas. Esta casa y el lugar perteneció
a una familia, casualmente de apellido Romero, con 18 hijos, dedicada a la
agricultura y cría de ganado vacuno, para eso eran las divisiones de piedra.
Muchas de los agricultores han dejado estos sitios por lugares de más fácil
acceso. La casa es usada ahora por los baquianos que guían a las personas
que, como nosotros, realizan esta travesía. Digo que casualmente la familia
que habitaba la casa era Romero, porque el lugar no se llama así por ellos
si no porque por allí hay muchas plantas de romero (rosmarinus
officinalis).
Exploramos el lugar, muy bucólico, mucha paz y tranquilidad, perfecto
para meditar. Lolo nos sugirió que armáramos la carpa en una de las
habitaciones de la casa, ellos, los cinco baquianos, iban a dormir en unos
colchones en la habitación grande que también servía de cocina. Vimos que el
cielo estaba despejado y dado que ellos nos habían dicho que era poco
probable que lloviera, nos animamos a armar la carpa a la intemperie (foto
28). Mientras estábamos en esos menesteres, unos baquianos buscaban leña
en los alrededores, normalmente llevan dos cocinillas de gas, pero esta vez,
por algún problema, trajeron sólo una, no siendo suficiente, y se tuvo que
improvisar una fogata, la cual hicieron dentro de la habitación, y dado que no
había chimenea el humo inundó todo el recinto, hasta
llegar al punto en que era difícil mantenerse dentro, por lo menos a mi se
me irritaban los ojos. No había luz eléctrica, la iluminación se hizo con
una velita colocada en una de las ventanas (que no se podía abrir). La
foto 30 muestra a Lolo y a Faustino preparando la cena, el lugar estaba
bastante oscuro, se puede ver hacia la derecha de la foto, la mano de Héctor
alumbrando con una linterna la fogata. La iluminación que se ve en la foto
es por el flash de la cámara, en la ventana está la vela.
La cena consistió en sopa, arepas andinas con queso y carne de cordero,
cortesía de José Luis. Raquel y Héctor de alguna forma pudieron comer dentro
de la habitación, pero yo preferí comer afuera a pesar del frío. La comida
estuvo buena, y con la barriga llena, nos quedamos un rato charlando con los
baquianos y a eso de las 8 de la noche, sin más nada que hacer nos
dispusimos a dormir.
No quería acostarme ya que era muy temprano, y siempre en los campamentos,
dentro de las carpas el tiempo pasa demasiado lento, desesperante,
interminable, infinito... Pero no había más nada que hacer y afuera hacía
mucho, pero mucho frío. Nos habían dicho que la carpa era para tres
personas, pero para mi que ¡era para dos!. Cada quien se había puesto sus
abrigos, guantes, medias y demás para amortiguar las bajas temperaturas.
Teníamos aislantes térmicos y sacos de dormir, después de mucho movimiento
para el "acomodo", logramos llegar a una posición aceptable. Cuando ya
estaba en estado estable y justo cuando cerré los ojos para dormir, Héctor
dice: "Con tanto trapo encima, y metido en el saco de dormir, pareciera
que estuviera con una camisa de fuerza". Puff, ¡para qué dijo eso!,
me entró un ataque de claustrofobia. La carpa era muy pequeña, sentí el
encerramiento cuando intenté sentarme y mi cabeza dio con el "techo" casi
sin levantarme. Eran las nueve de la noche, sólo son unas nueve horas
más para que salga el sol, pero no me pude engañar, nueve horas era
demasiado tiempo. Para colmo estaba en el lado opuesto a la entrada, para
salir tenía que despertar a Raquel y a Héctor. Se me ocurrió abrir el cierre
(cremallera) del saco de dormir (sleeping bag). Ayudó algo, pero no
fue suficiente. Al notar que dentro de la carpa la temperatura no era tan
baja me animé a quitarme el grueso abrigo, al cual le encontré mejor
utilidad como almohada. Pasa el tiempo lentamente, traté de pensar en cosas
que me hicieran olvidar el encierro, traté de poner la mente en blanco, pero
nada, la claustrofobia me seguía atormentando y cada vez más. De pronto me
desperté, me había quedado dormido, pero al ver la hora, me desesperé otra
vez, la una de la madrugada, cinco horas más, intenté dormir otra vez, pero
ahora la situación se había agravado debido a la aparición repentina de
ganas de orinar... quizás lo de este nuevo inconveniente no era si no una
excusa para salir de la carpa. Nada, desperté a Raquel y a Héctor, quienes
con muestras de molestia me dejaron que pasara como pude sobre ellos hasta
salir de la carpa. Una vez fuera, el frío me dio una cachetada, los zapatos,
unos de esos de explorador, los había dejado fuera metidos en una bolsa
plástica por si llovía, las ganas de orinar aumentaron, el desespero fue
mayor al no encontrar la bolsa, por fin la hallé y como pude me puse los
botas sin amarrar los cordones, a unos pocos metros, liberé presión
resolviendo este problema. No tenía sueño, pero si un frío bárbaro, mi nuevo
plan era no entrar en la carpa hasta que sintiera necesidad de dormir, en
algún momento tendría que darme sueño. Regresé a la carpa para buscar el
abrigo y los guantes, de nuevo las protestas de mis compañeros de
expedición. Ya equipado, abrigo con capucha, guantes y linterna, me dispuse
a caminar de acá para allá. El cielo estaba despejado y completamente lleno
de estrellas. Maravillado por el espectáculo estelar, estuve mirando la
bóveda celeste un buen rato, observando las constelaciones como pocas veces
es posible hacerlo, sobre todo viviendo en una ciudad. Orión, Osa Mayor,
Tauro mostraban todos sus detalles. De pronto me acordé que que no tenía
puesto los lentes (sufro de miopía leve), me los puse y el número de
estrellas se triplicó. Hasta una estrella fugaz pasó frente a mi. Camina
para acá, para allá, me senté un rato, nada que venía el sueño. Me dieron
las dos de la mañana en ese plan y decidí entrar, quizás ahora si me duerma.
Otra vez las quejas de Héctor y Raquel pero finalmente me dormí
despertándome pasadas las 6 am.
Segunda etapa: Páramo
de Los Romeros - Los Bordones (Mucumpís Alto)
A las 6:30 am Héctor y yo estábamos ya
fuera de la carpa, hicimos nuestra rutina de lavado en una de las corrientes
de agua que salen de la montaña, muy fría. Los baquianos estaban ya
recogiendo y dispuestos a preparar el desayuno que consistió en arepas
andinas con queso, huevo revuelto y café con leche.
Caminé un rato por los alrededores, y en una de esas lomas encontré un punto
donde había señal para teléfono celular, pero sólo era en un espacio de unos
cinco metros cuadrados. Tomé algunas fotografías y al regreso comenzamos a
recoger todo para seguir con nuestro recorrido.
A las 9:00 am nos despedimos de
Lolo, José Luis y Diego y seguimos con Faustino y Pedro, nuestra ruta hacia
Los Bordones. El camino asciende algo menos de dos kilómetros hasta retomar
la carretera Mifafí - Mucumpís. En una de esas curvas se ve el antiguo
camino que sale desde un punto cercano a Los Bordones hasta que se une a la
carretera nueva cerca del Páramo de Los Romeros. Éste parece ser el camino
original de los españoles, me decepcionó un poco la cosa, ya que uno de mis
objetivos era caminar por donde pasaron los conquistadores, pero bueno, fue
así durante casi todo el recorrido, saber esto me sirvió de consuelo. Las
fotos 32 y 33 muestran la carretera nueva, que, según los baquianos, se hizo
hace más de 20 años.
El camino sigue subiendo hasta llegar al Alto de La Verde (N 08º 53,489'
W 70º 54,344'), a 3900 msnm. Me dijeron que cerca de allí hay una
laguna llamada "La Verde", supongo que de allí el nombre. Eran las 10:30 am.
Ahora era descender hasta nuestra meta. Sin novedad, continuamos por la
carretera, a veces sobre los caballos, otras veces caminando. Nos
entreteníamos con el paisaje, cuya vegetación iba cambiando poco a poco y
los frailejones clásicos y chiruques se iban mezclando con plantas y
arbustos verdes.
En el kilómetro 22 del recorrido
(a 7 del Alto de La Verde), hicimos un alto para almorzar. El sitio es
llamado Agua Fría (N 08º 53,642' W 70º
57,168') a unos 2800 msnm. Los frailejones ya habían desaparecido. El
almuerzo consistió en unas arepas andinas con un grueso pedazo de queso,
igualmente andino. Para "rodar" un sabroso jugo de guanábana.
El tiempo de almuerzo fue breve,
quizás por el deseo de llegar a nuestra meta lo antes posible. La vegetación
se tornó exuberante, realmente selvática, los caballos caminaban, pero de
vez en cuando se orillaban para morder alguna planta que le pareciera
apetitosa, pasó muchas veces. En ocasiones se se acercaban mucho hacia el
lado del precipicio, situación algo espeluznante, ¡especialmente para alguien
que se monta por primera vez a caballo!
A menos de dos kilómetros Agua Fría, nos encontramos con una cascadita que
cae por una especie de escalera de piedra (foto 37), se trata de la
Cascada Las Lajas (N 08º 56,057' W 70º 57,374', a
2600 msnm) , por el tipo de piedra que por allí abunda. Desde allí se
ve, a lo lejos, la carretera que se pierde por la montaña y que aun falta
por recorrer (foto 38).
El camino mejora un poco,
especialmente para el paso de vehículos rústicos, sin embargo, de vez en
cuando aparecen algunas cascaditas que lo atraviesan. Estos son puntos
difíciles de pasar, aun para jeeps, hay que saber manejar en este tipo de
terreno para no quedarse atascado. En esta carretera han trabajado mucha
gente del lugar. Hace unos años trajeron un tractor (foto 39) en muy
buenas condiciones para arreglar la carretera, a éste se le descompuso la
bomba de agua, y mientras llegaba el repuesto pasaron unos cuantos días, lo
que aprovecharon algunas personas inescrupulosas para desvalijarlo. Cuando
finalmente llegó el repuesto, ya el tractor estaba inservible. La vegetación
lo está cubriendo, y por ahora se ve como un triste monumento al egoísmo y a
la falta de consideración hacia la comunidad. Un poco más adelante está el
sector Los Balconcitos.
Ya en los kilómetros finales se
comienzan a ver las plantaciones de vegetales y las casas de campesinos.
Alguna de las cuales cuentan con fluido eléctrico. Unas subidas y bajadas
más y después de una curva vemos la posada Los Bordones y a las 4 pm ¡llegamos a la meta!
Notas finales. Los Bordones y
Mucumpís.
El recorrido terminó en la mucuposada Los Bordones, atendida y administrada
por Inés y Vicente Molina. Al igual que la posada El Trigal en Mitibibó, la
sensación que se siente es que uno está en una casa de familia donde uno ha
sido invitado. Y prácticamente así es. Después de presentarnos y acomodar
nuestras cosas en las habitaciones, conversamos un rato con Inés, saboreando
un cafecito con el más puro sabor casero de los Andes. Le contamos algunas
de las vivencias del recorrido y le hicimos muchas preguntas sobre Mucumpís
y la posada. Luego de ducharnos, pasamos a la cocina y siguió nuestra
conversación mientras ella preparaba la cena. Le hablé sobre mi página
dedicada a los pueblos y caseríos de Venezuela y me preguntó si yo era la
persona que había publicado en Internet algo sobre Mucumpís donde mencionaba
que un niñito (mi hijo Sebastián, para entonces 5 años) decía que se iba a
morir por ir con su papá por esa carretera con grandes precipicios. Le dije
que así era y se puso muy contenta de tener al autor de esa historia en su
posada. Luego llegó Vicente, su esposo. Seguimos conversando todos, llegó la
hora de la comer y cenamos juntos. Vicente nos contó muchas cosas sobre Mucumpís y la ruta hasta Mifafí, algunas de las cuales las he agregado en la
reseña.
Nos levantamos a eso de las 7 am, y a las 8 ya estábamos en la mesa donde
Inés nos sorprendió con un muy suculento desayuno (foto 44), compuesto por
carne desmechada, caraotas negras, huevo revuelto y cuajadita recién hecha
por la propia Inés. Detrás de Héctor, en la misma foto, se ve la prensa que
usa nuestra anfitriona para hacer los quesos, que luego los coloca sobre el
horno de la cocina para ahumarlos (hacer click en la foto 45 para ver a
Inés, su sobrina Daisy y el horno de leña). También nos mostró la técnica
para hacer "cuajadas", fue un desayuno, además de nutritivo, didáctico.
Luego hicimos un pequeño recorrido por los alrededores de la posada, que
sirvió para "bajar" el desayuno. Vimos el tanque australiano que surte de
agua a la zona, las moras silvestres, plantaciones de apio, y unas vistas
increíbles de las montañas que rodean el sitio.
Después, Vicente nos transportó en su camioneta hasta Mucumpís, a unos tres
kilómetros de allí y luego seguimos por la misma carretera por la cual pasé
con Samuel y Sebastián en septiembre 2007, y ¡por donde nunca pensé volver
a pasar!. Seguimos el viaje hasta Torondoy y finalmente llegamos a Caja Seca,
lo que puso punto final a los servicios contratados.
Fue una tremenda experiencia, me he animado a seguir haciendo las otras
rutas que ofrece Andes Tropicales, para mis próximas vacaciones.
Germán Montero Alcalá
Febrero 2009
Agradecimientos
El equipo de viajeros quiere agradecer a Irene y Venancio de la mucuposada
El Trigal en Mitibibó, a Inés Vicente de la mucuposada Los Bordones en
Mucumpís Alto. A los baquianos Asnaldo (Lolo), José Luis, Diego, Faustino y
Pedro. A Andrés Monzón de la posada Hacienda El Carmen en Jají. Todos
contribuyeron a que esta ruta fuera toda una experiencia llena de
aprendizaje y diversión.
Referencias
1. SILVA LEÓN, Gustavo. Los picos más altos del estado Mérida-Venezuela.
Revista Geográfica de Venezuela, Vol. 42 (1), Caracas 2001, p. 4.
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